Trucos que mantienen el capitalismo: programar la obsolescencia

Como dice Paul Ariès : El decrecimiento es una palabra obús que significa que sirve simplemente para decir que la solución no está siempre en el “siempre más”.  La clave está en entender el concepto de límite.  No se puede pretender crecer a un 2%  anual de forma indefinida.

La naturaleza no opera de esta forma.Suele explicarse que el decrecimiento usa como mascota la silueta de un caracol porque el caracol sabe que existe un delicado equilibrio entre su crecimiento y su supervivencia. Tal como muestra decrecimiento.info

“El caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión dieciséis veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad.

Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobre crecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética”.

Ivan Illich

Estamos inmersos en un sistema de producción basado en un mundo sin límites. Ni energéticos, ni materiales.

Algo que sencillamente es falso.

La única forma que el sistema capitalista tiene de autoperpetuarse es falsear la realidad, por un lado:  invirtiendo unas cantidades ingentes en publicidad para que creamos que nos mueve siempre el afán de lucro.  Pero el motor del afán de lucro es la propaganda CONTINUA en la que deben invertir para incitarnos a consumir y activar el ciclo económico. No surge de forma natural en nosotros renovar nuestro vestuario cada 3 meses, por poner un ejemplo.

Por otro, modificando los procesos de producción para que no resulten tan eficientes como lo que realmente son, y obliguen al usuario a reponer el producto cada cierto tiempo.  En 1911 se anunciaban bombillas con una duración certificada de 2500 horas pero en 1924 los principales fabricantes pactaron limitar su vida útil a 1000 horas.

Disfruten del siguiente documental de RTVE premiado con un ondas internacional de televisión 2011.