Tomates soberanos

Esta revolución que nos envuelve pero que aún no acaba de eclosionar, tiene un rasgo en común con todas las revoluciones auténticas: está empezando por la tierra misma.  Hemos pasado en unas pocas generaciones de cultivar nuestra comida a consumir productos alimentarios que nos llegan a la mesa después de recorrer medio planeta envueltos en capas de plástico.

Frente a unos medios que presentan el colmo de la felicidad reducido a un consumo infinito, y por lo tanto inhumano, la postura que cada vez más gente adopta es una postura crítica a la industria agroalimentaria.

Si somos lo que comemos…. Al final seremos especulación? Qué tipo de alimentos queremos asimilar en nuestro organismo?

Hablemos de tomates

Los tomates del supermercado “normales”, que tienen genes de pez!. Supuestamente, para resistir mejor a las heladas. …Pero ¿a qué va a saber un tomate si lo único que motiva una modificación es el tono pantone de su piel?.

Una vez que un urbanita prueba un tomate verdadero, (orgánico o no), pero no tratado por los grandes mayoristas, le entran ganas de prohibir que los supermercados utilicen la misma palabra para vender esos engendros. Quizá se vuelva a comprar ese producto rojo, pero jamás alcanzará el estatus de “tomate”.

Gracias Ester Vivas por descubrirnos desde hace tiempo verdades como puños.

El sistema agroalimentario está enfermo

Una buena señal de cambio es la fuerza creciente de las reivindicaciones de soberanía alimentaria, para acabar la dependencia de remotas explotaciones, como la que sucedió ayer en Valencia, en la mismísima plaza 15M.

Gracias, per l’horta

 

 

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Paren, que aqui vive gente.

 

Hasta 1970 África era autosuficiente. Producía lo necesario para poder alimentar a su población.

Pero hoy el continente tiene que importar el 25% de su comida. África ha perdido su Soberanía Alimentaria. Millones de personas que pasan hambre en África ven cómo su comida vuela o navega hacia otras latitudes. Sus tierras producen agrocombustibles para los coches europeos o alimentos que se exportan a otros países.

Después de globalizar la industria y los servicios estamos en pleno intento de globalizar la agricultura.La burbuja inmobiliaria explotó y los financieros, cansados de especular con las casas ahora van a por la comida. Pero ya comentábamos que el hecho de que los más pobres no puedan comer solo son “efectos colaterales” para un analista de materias primas.

Los capitales extranjeros se han apropiado de 50 millones de hectáreas de tierra en países del Sur, una gran mayoría en África. Eso equivale a la mitad de todas las tierras agrícolas de la Unión Europea.

Empresas europeas y asiáticas están acabando con los bancos de pesca del continente. Para millones de africanos el pescado es la base de su comida. Enormes transnacionales tienen en sus manos la alimentación global: deciden qué comemos, en qué condiciones y a qué precio. Frente a ese poderío, las comunidades campesinas están desprotegidas.

Todo esto se explica con rigor en esta web de la estupenda campaña  de Veterinarios Sin Fronteras  “Paren, aqui vive gente”.

La economista Loretta Napoleoni en el capítulo “Anarquía en el mar” de su magnífico libro  “Economía Canalla” nos describe los talleres clandestinos de pescado.  Grandes barcos-factoría con mano de obra esclava cuya tripulación no tiene pasaportes y una vez embarcados, están atrapadosa bordo y no pueden desembarcar en ningún sitio. Las tripulaciones pesqueras clandestinas son tan prescindibles para los pescadores piratas como lo son las prostitutas eslavas para los proxenetas de la globalización.  Incluso cuando uno de estos barcos sufre un accidente, el resto no deja de pescar por salvar al otro barco. Inhumanos.